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Pobreza en el Caribe

Publicado el 30 de abril de 2021,

Por Oriana Álvarez

Para el caso de Colombia y según los últimos cálculos realizados por el DANE, la población en condiciones de pobreza monetaria representa el 37,5 %.

La pobreza es una problemática social que enfrentan la mayoría de países en desarrollo, la cual genera condiciones de vida precarias, frena el crecimiento económico y provoca conflictos sociales. Entre sus principales manifestaciones están el hambre, la malnutrición, la falta de una vivienda digna y el acceso limitado a servicios como la educación y salud. Actualmente, alrededor del 10 % de la población mundial vive en extrema pobreza y tiene dificultades para cubrir sus necesidades básicas.

Para el caso de Colombia y según los últimos cálculos realizados por el DANE, la población en condiciones de pobreza monetaria representa el 37,5 %, y como consecuencia de la pandemia, la incidencia de la pobreza es del 42,5 %. Es decir, tres millones de personas cayeron en la pobreza, para un total de 21 millones en el país. Los resultados para el Caribe son también desalentadores, según el documento “Pobreza y desigualdad en la región Caribe, ¿cómo recuperar la senda del desarrollo sostenible?”, presentado por el PNUD en un evento realizado la semana pasada, la pobreza pasaría del 46,2 % en el 2019 al 52,2 %, y la extrema, del 13,3 % al 15,5 %. La Guajira seguiría siendo el departamento con la cifra de pobreza más alta y el Atlántico el más afectado por el choque de la crisis económica generada por la pandemia, en donde se espera un incremento de la pobreza extrema como resultado de la pérdida de empleos durante el 2020 que estuvieron concentrados en las poblaciones más vulnerables debido a la alta informalidad laboral y a la incapacidad de trabajar desde sus hogares.

Es indudable que los efectos de la pandemia han sido devastadores en lo económico y social; sin embargo, mucho antes de la covid-19 el uso de la tecnología en la automatización de los procesos productivos venían modificando la forma en que vivíamos, trabajábamos y nos relacionábamos. Este proceso que ha sido denominado por la economía “la Cuarta Revolución Industrial” se convierte en un reto adicional que afrontar en la región, ya que el futuro del empleo estará constituido por trabajos que aún no existen y solo se verán beneficiados quienes sean capaces de innovar y adaptarse. Esto incrementará aún más las desigualdades y niveles de pobreza si no logramos transformaciones educativas acorde a las nuevas exigencias, competencias y destrezas del mercado laboral.

La aceleración permanente en la adquisición de nuevo conocimiento requiere compromisos y acciones concretas para avanzar en la reducción de la pobreza y desigualdad en la región Caribe. Concretamente se hace necesario seguir trabajando en disminuir la deserción estudiantil, aumentar el acceso a la educación universitaria, mejorar los indicadores de desempeño en nuestras pruebas educativas, incrementar el bilingüismo, reducir la brecha digital y promover el estudio de carreras relacionadas con los trabajos del futuro en sectores como las tecnologías y la economía verde, que serán esenciales para la creación de nuevos puestos de trabajo. Lo anterior permitirá avanzar en esta carrera digital que exige profesionales cada vez más formados y adaptados a las constantes transformaciones productivas y así poder reducir los niveles de informalidad laboral y pobreza en la región.

Publicado en Columnas El Heraldo

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