Barranquilla competitiva: del dinamismo a la productividad

La industria manufacturera ha sido pieza clave para el crecimiento económico del departamento del Atlántico, y ha servido para mejorar los índices de empleo.

Barranquilla cuenta con fortalezas importantes para competir: una economía que mantiene un comportamiento favorable, una estructura productiva relativamente diversificada y una posición estratégica dentro del Caribe. Sin embargo, la competitividad no se define únicamente por cuánto crece una ciudad o por el lugar que ocupa en los rankings. También depende de su capacidad para transformar esas ventajas en mayor productividad, innovación y generación de valor.

Por eso, más que preguntarnos únicamente qué tan competitiva es Barranquilla, vale la pena mirar qué ha logrado la ciudad, dónde persisten sus principales brechas y qué necesita para dar el siguiente paso.

¿Qué ha logrado Barranquilla?

El primer punto de partida es favorable. De acuerdo con el Índice Mensual Económico Distrital (IMED), la economía de Barranquilla habría crecido 3,3% anual en marzo de 2026, recuperando dinamismo frente a febrero y con un comportamiento positivo en la mayoría de las ramas productivas. La construcción, el comercio y la industria estuvieron entre las actividades que impulsaron este resultado, aunque las perspectivas para los próximos meses continuaban mostrando un crecimiento más moderado.

A este comportamiento coyuntural se suma una fortaleza de carácter más estructural. En el Índice de Competitividad de Ciudades 2025, Barranquilla A.M. alcanza 8,89 de 10 puntos en sofisticación y diversificación productiva, un resultado cercano al de Bogotá D.C. (9,21) y Cartagena (9,30). Esta capacidad de sostener una economía relativamente diversificada constituye una base importante para avanzar hacia actividades de mayor productividad y valor agregado.

El Índice de Ciudades Modernas complementa esta lectura: Barranquilla obtuvo 67,17 de 100 puntos en 2024 y se ubicó como la quinta ciudad con mejor desempeño general del país, por debajo de Manizales, Bogotá, Bucaramanga y Medellín. Los resultados muestran, en síntesis, que la ciudad no parte de cero: cuenta con una base económica y productiva favorable sobre la cual construir su siguiente etapa de competitividad.

Índice de Competitividad de Ciudades (ICC) 2025

Fuente: Consejo Privado de Competitividad – Universidad del Rosario. Elaboración: Fundesarrollo.

¿Dónde están las principales brechas?

La primera aparece precisamente al analizar qué tan bien se están transformando esas fortalezas productivas en conocimiento e innovación. En el ICC, Innovación es el pilar de menor desempeño de Barranquilla, con 3,18 puntos frente a 5,21 de Bogotá. También persisten distancias importantes en adopción de TIC —5,59 frente a 8,95— y educación superior —4,97 frente a 6,82—.

Estas diferencias tienen implicaciones que van más allá de una posición en el ranking. Una menor capacidad para incorporar tecnología, generar conocimiento y acceder a talento especializado limita las posibilidades de las empresas de mejorar procesos y desarrollar productos de mayor valor agregado. También restringe la generación de empleos de mayor cualificación y puede disminuir el atractivo de Barranquilla para inversiones intensivas en conocimiento y tecnología.

Algunas de las condiciones que determinan esta competitividad, además, trascienden los límites de la ciudad y deben analizarse desde una perspectiva regional.

La energía es una de ellas. La crisis energética del Caribe es estructural y su alcance no es menor: para 2039 se proyecta que la región concentrará el 31% de la demanda eléctrica del país. Al mismo tiempo, el territorio reúne el 40% de la población en pobreza extrema del país, pese a concentrar el 23% de la población nacional, y siete de cada diez ocupados son informales. Estas condiciones limitan la capacidad de pago de los usuarios y refuerzan la necesidad de un modelo de prestación que reconozca las particularidades económicas y sociales de la región.

En logística, el Caribe cuenta con una fortaleza significativa: entre enero y marzo de 2026, sus zonas portuarias movilizaron 37,7 millones de toneladas, equivalentes al 85,7% de la carga portuaria nacional. Sin embargo, esta capacidad todavía convive con brechas en la articulación de la infraestructura que conecta a Barranquilla con el resto del país. La navegabilidad del río Magdalena continúa requiriendo intervenciones para consolidarse como corredor de carga, mientras persisten pendientes en la modernización del aeropuerto Ernesto Cortissoz. Aunque actualmente avanzan iniciativas en ambos frentes, su materialización será fundamental para convertir la posición estratégica de Barranquilla en una ventaja logística más completa y competitiva.

Barranquilla competitiva, en una mirada

¿Qué necesita Barranquilla para dar el siguiente paso?

El desafío ya no consiste únicamente en sostener el crecimiento, sino en lograr que ese dinamismo se traduzca en una economía más productiva, innovadora y sofisticada. Esto requiere pasar del diagnóstico a acciones concretas.

1) Crear una ruta de transformación tecnológica para las mipymes. Implementar un esquema que permita diagnosticar las brechas digitales y productivas de cada empresa, definir un plan de adopción tecnológica y acompañar su implementación mediante asistencia técnica y mecanismos de cofinanciación. El énfasis debe estar en soluciones con impacto verificable sobre productividad, como automatización, analítica de datos, comercio electrónico y sistemas de gestión.

2) Llevar la innovación aplicada a los problemas de las empresas. Crear convocatorias en las que empresas, universidades y grupos de investigación formulen conjuntamente soluciones a retos productivos concretos, con recursos para prototipos, pruebas piloto, transferencia tecnológica y vinculación de talento. Así, la relación universidad–empresa dejaría de concentrarse únicamente en espacios de articulación y avanzaría hacia resultados productivos medibles.

3) Convertir inversión en encadenamientos locales. Crear un Programa de Proveedores para la Nueva Inversión que, desde el momento en que se atraiga un proyecto, identifique qué bienes y servicios puede proveer el territorio y prepare empresas locales para convertirse en sus proveedores.

El programa podría operar con retos de proveeduría definidos por cada nueva inversión, acompañando a empresas locales en certificaciones, tecnología y estándares de calidad. Así, cada proyecto de inversión tendría el compromiso de generar encadenamientos medibles, además de capital y empleo.

4) Construir una agenda de energía y logística. Crear una Agenda Caribe de Energía y Logística, con prioridades compartidas, proyectos estratégicos y responsables definidos, acompañada de un tablero público de seguimiento. La agenda debe concentrarse en pocos proyectos de alto impacto, como un nuevo modelo energético para el Caribe, la navegabilidad del río Magdalena y la conexión multimodal de sus principales corredores.

     

    Un apagón no solo apaga la luz. Aunque no toda la economía se paraliza, las fallas eléctricas afectan sectores clave y ponen en riesgo la productividad, los ingresos y el bienestar de miles de familias en la región.

    ¿Qué está en juego para la región Caribe si no actuamos ya?

    Un apagón no solo apaga la luz. Aunque no toda la economía se paraliza, las fallas eléctricas afectan sectores clave y ponen en riesgo la productividad, los ingresos y el bienestar de miles de familias en la región.

    • Por los diversos motivos asociados a la crisis de la región, los cortes de energía podrían volverse más frecuentes y extensos, afectando no solo a los hogares, sino también a hospitales, empresas, colegios y servicios clave para la vida diaria.
    • Sin un servicio eléctrico confiable, la región pierde competitividad. La inversión —tanto nacional como extranjera— se aleja, y con ella las oportunidades de empleo y bienestar para su población.
    • La falta de soluciones sostenidas mina la confianza en las instituciones y alimenta la frustración social.
    • Sin acceso a energía constante y de calidad, se amplían las brechas sociales y se profundiza la precariedad en barrios y municipios que ya enfrentan múltiples carencias.

    ¿Qué se necesita para salir de la crisis energética en la región Caribe?

    Tras varios años de modelos fallidos, la solución no puede seguir siendo apagar incendios. La región Caribe requiere un nuevo modelo de prestación del servicio eléctrico que entienda su realidad social, climática y económica.

    ¿Qué implica esto?

      • Resolver de fondo la situación de Air-e, con una decisión definitiva del Gobierno (como la liquidación o reestructuración) que permita saldar deudas, garantizar la continuidad del servicio y recuperar la confianza.
      • Asegurar el pago de las deudas acumuladas por parte del Estado, especialmente las relacionadas con subsidios no transferidos y pérdidas reconocidas por el regulador, para no seguir afectando la caja de los operadores.
      • Diseñar un nuevo esquema de operación y regulación regional, que tenga en cuenta las condiciones diferenciales de temperatura, pobreza y expansión urbana de la región.
      • Fortalecer la planeación de la demanda y oferta energética a nivel territorial, incorporando energías renovables, almacenamiento y proyectos comunitarios.
      • Mejorar los mecanismos de seguimiento, control y rendición de cuentas sobre inversiones, calidad del servicio y gestión empresarial de los operadores.

     

    Gráfica 1. Escenarios de la Reforma al SGP

    Fuente: Cálculos propios. DANE

    Barranquilla competitiva: del dinamismo a la productividad

    La industria manufacturera ha sido pieza clave para el crecimiento económico del departamento del Atlántico, y ha servido para mejorar los índices de empleo.

    Barranquilla cuenta con fortalezas importantes para competir: una economía que mantiene un comportamiento favorable, una estructura productiva relativamente diversificada y una posición estratégica dentro del Caribe. Sin embargo, la competitividad no se define únicamente por cuánto crece una ciudad o por el lugar que ocupa en los rankings. También depende de su capacidad para transformar esas ventajas en mayor productividad, innovación y generación de valor.

    Por eso, más que preguntarnos únicamente qué tan competitiva es Barranquilla, vale la pena mirar qué ha logrado la ciudad, dónde persisten sus principales brechas y qué necesita para dar el siguiente paso.

    ¿Qué ha logrado Barranquilla?

    El primer punto de partida es favorable. De acuerdo con el Índice Mensual Económico Distrital (IMED), la economía de Barranquilla habría crecido 3,3% anual en marzo de 2026, recuperando dinamismo frente a febrero y con un comportamiento positivo en la mayoría de las ramas productivas. La construcción, el comercio y la industria estuvieron entre las actividades que impulsaron este resultado, aunque las perspectivas para los próximos meses continuaban mostrando un crecimiento más moderado.

    A este comportamiento coyuntural se suma una fortaleza de carácter más estructural. En el Índice de Competitividad de Ciudades 2025, Barranquilla A.M. alcanza 8,89 de 10 puntos en sofisticación y diversificación productiva, un resultado cercano al de Bogotá D.C. (9,21) y Cartagena (9,30). Esta capacidad de sostener una economía relativamente diversificada constituye una base importante para avanzar hacia actividades de mayor productividad y valor agregado.

    El Índice de Ciudades Modernas complementa esta lectura: Barranquilla obtuvo 67,17 de 100 puntos en 2024 y se ubicó como la quinta ciudad con mejor desempeño general del país, por debajo de Manizales, Bogotá, Bucaramanga y Medellín. Los resultados muestran, en síntesis, que la ciudad no parte de cero: cuenta con una base económica y productiva favorable sobre la cual construir su siguiente etapa de competitividad.

    Índice de Competitividad de Ciudades (ICC) 2025

    Fuente: Consejo Privado de Competitividad – Universidad del Rosario. Elaboración: Fundesarrollo.

    ¿Dónde están las principales brechas?

    La primera aparece precisamente al analizar qué tan bien se están transformando esas fortalezas productivas en conocimiento e innovación. En el ICC, Innovación es el pilar de menor desempeño de Barranquilla, con 3,18 puntos frente a 5,21 de Bogotá. También persisten distancias importantes en adopción de TIC —5,59 frente a 8,95— y educación superior —4,97 frente a 6,82—.

    Estas diferencias tienen implicaciones que van más allá de una posición en el ranking. Una menor capacidad para incorporar tecnología, generar conocimiento y acceder a talento especializado limita las posibilidades de las empresas de mejorar procesos y desarrollar productos de mayor valor agregado. También restringe la generación de empleos de mayor cualificación y puede disminuir el atractivo de Barranquilla para inversiones intensivas en conocimiento y tecnología.

    Algunas de las condiciones que determinan esta competitividad, además, trascienden los límites de la ciudad y deben analizarse desde una perspectiva regional.

    La energía es una de ellas. La crisis energética del Caribe es estructural y su alcance no es menor: para 2039 se proyecta que la región concentrará el 31% de la demanda eléctrica del país. Al mismo tiempo, el territorio reúne el 40% de la población en pobreza extrema del país, pese a concentrar el 23% de la población nacional, y siete de cada diez ocupados son informales. Estas condiciones limitan la capacidad de pago de los usuarios y refuerzan la necesidad de un modelo de prestación que reconozca las particularidades económicas y sociales de la región.

    En logística, el Caribe cuenta con una fortaleza significativa: entre enero y marzo de 2026, sus zonas portuarias movilizaron 37,7 millones de toneladas, equivalentes al 85,7% de la carga portuaria nacional. Sin embargo, esta capacidad todavía convive con brechas en la articulación de la infraestructura que conecta a Barranquilla con el resto del país. La navegabilidad del río Magdalena continúa requiriendo intervenciones para consolidarse como corredor de carga, mientras persisten pendientes en la modernización del aeropuerto Ernesto Cortissoz. Aunque actualmente avanzan iniciativas en ambos frentes, su materialización será fundamental para convertir la posición estratégica de Barranquilla en una ventaja logística más completa y competitiva.

    Barranquilla competitiva, en una mirada

     

    ¿Qué necesita Barranquilla para dar el siguiente paso?

    El desafío ya no consiste únicamente en sostener el crecimiento, sino en lograr que ese dinamismo se traduzca en una economía más productiva, innovadora y sofisticada. Esto requiere pasar del diagnóstico a acciones concretas.

    1) Crear una ruta de transformación tecnológica para las mipymes. Implementar un esquema que permita diagnosticar las brechas digitales y productivas de cada empresa, definir un plan de adopción tecnológica y acompañar su implementación mediante asistencia técnica y mecanismos de cofinanciación. El énfasis debe estar en soluciones con impacto verificable sobre productividad, como automatización, analítica de datos, comercio electrónico y sistemas de gestión.

    2) Llevar la innovación aplicada a los problemas de las empresas. Crear convocatorias en las que empresas, universidades y grupos de investigación formulen conjuntamente soluciones a retos productivos concretos, con recursos para prototipos, pruebas piloto, transferencia tecnológica y vinculación de talento. Así, la relación universidad–empresa dejaría de concentrarse únicamente en espacios de articulación y avanzaría hacia resultados productivos medibles.

    3) Convertir inversión en encadenamientos locales. Crear un Programa de Proveedores para la Nueva Inversión que, desde el momento en que se atraiga un proyecto, identifique qué bienes y servicios puede proveer el territorio y prepare empresas locales para convertirse en sus proveedores.

    El programa podría operar con retos de proveeduría definidos por cada nueva inversión, acompañando a empresas locales en certificaciones, tecnología y estándares de calidad. Así, cada proyecto de inversión tendría el compromiso de generar encadenamientos medibles, además de capital y empleo.

    4) Construir una agenda de energía y logística. Crear una Agenda Caribe de Energía y Logística, con prioridades compartidas, proyectos estratégicos y responsables definidos, acompañada de un tablero público de seguimiento. La agenda debe concentrarse en pocos proyectos de alto impacto, como un nuevo modelo energético para el Caribe, la navegabilidad del río Magdalena y la conexión multimodal de sus principales corredores.

    Un apagón no solo apaga la luz. Aunque no toda la economía se paraliza, las fallas eléctricas afectan sectores clave y ponen en riesgo la productividad, los ingresos y el bienestar de miles de familias en la región.

    ¿Qué está en juego para la región Caribe si no actuamos ya?

    Un apagón no solo apaga la luz. Aunque no toda la economía se paraliza, las fallas eléctricas afectan sectores clave y ponen en riesgo la productividad, los ingresos y el bienestar de miles de familias en la región.

    • Por los diversos motivos asociados a la crisis de la región, los cortes de energía podrían volverse más frecuentes y extensos, afectando no solo a los hogares, sino también a hospitales, empresas, colegios y servicios clave para la vida diaria.
    • Sin un servicio eléctrico confiable, la región pierde competitividad. La inversión —tanto nacional como extranjera— se aleja, y con ella las oportunidades de empleo y bienestar para su población.
    • La falta de soluciones sostenidas mina la confianza en las instituciones y alimenta la frustración social.
    • Sin acceso a energía constante y de calidad, se amplían las brechas sociales y se profundiza la precariedad en barrios y municipios que ya enfrentan múltiples carencias.

    ¿Qué se necesita para salir de la crisis energética en la región Caribe?

    Tras varios años de modelos fallidos, la solución no puede seguir siendo apagar incendios. La región Caribe requiere un nuevo modelo de prestación del servicio eléctrico que entienda su realidad social, climática y económica.

    ¿Qué implica esto?

      • Resolver de fondo la situación de Air-e, con una decisión definitiva del Gobierno (como la liquidación o reestructuración) que permita saldar deudas, garantizar la continuidad del servicio y recuperar la confianza.
      • Asegurar el pago de las deudas acumuladas por parte del Estado, especialmente las relacionadas con subsidios no transferidos y pérdidas reconocidas por el regulador, para no seguir afectando la caja de los operadores.
      • Diseñar un nuevo esquema de operación y regulación regional, que tenga en cuenta las condiciones diferenciales de temperatura, pobreza y expansión urbana de la región.
      • Fortalecer la planeación de la demanda y oferta energética a nivel territorial, incorporando energías renovables, almacenamiento y proyectos comunitarios.
      • Mejorar los mecanismos de seguimiento, control y rendición de cuentas sobre inversiones, calidad del servicio y gestión empresarial de los operadores.

     

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