octubre 19 2020 0Comentario

Comer insectos: una solución a nuestro problema de hambre

Publicado el 19 de octubre de 2020

Una crisis que se agrava

La seguridad alimentaria comprende varios factores, entre ellos la disponibilidad suficiente de los alimentos en cantidad, calidad e inocuidad. En el departamento del Atlántico las cifras de inseguridad alimentaria son alarmantes.

Técnicamente, estamos hablando de un territorio en riesgo. En efecto: la última Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSIN , 2015) había alertado sobre la situación en el Atlántico al revelar que los menores de cinco años mostraban un retraso significativo en su talla (1,2 % por encima de la media nacional). El estudio advertía que el 65 % de los hogares del departamento no contaban con el mínimo de seguridad alimentaria.

Esta mala situación ha tendido a empeorar:

  • Según la Encuesta de Percepción Ciudadana de 2019, aproximadamente uno de cada cinco hogares comía menos de tres veces al día debido a la escasez de alimentos o a las dificultades de acceso.
  • La pandemia implicó que 1,7 millones de hogares colombianos cayeran por debajo de la línea de pobreza. Para el Atlántico, la encuesta del DANE en junio de este año encontró que el 46 % de los hogares disminuyeron la ingesta de alimentos a dos o menos comidas diarias. Cifras considerablemente altas en comparación con otras capitales del país: Bogotá (20,7 %), Cali (23,7 %) o Medellín (28,6 %).

Por otra parte, el último mapeo de la vulnerabilidad alimentaria (VAM), realizado en el 2012, mostró que el Atlántico tiene que importar el 90 % de los alimentos que consume, ya que no tiene la capacidad para producir y aprovechar sus recursos. Después de ocho años, los expertos creen que el porcentaje de alimentos importados podría ser más alto todavía.

Soberanía alimentaria

Dicho de otra manera: el departamento del Atlántico carece de soberanía alimentaria, entendida como “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo”.

La soberanía además “defiende los intereses de las futuras generaciones. Ofrece una estrategia para resistir y desmantelar el comercio libre y corporativo y el régimen alimentario actual, y para encauzar los sistemas alimentarios, agrícolas, pastoriles y de pesca para que pasen a estar gestionados por los productores y productoras locales”.Foto: Sabanalarga, Atlántico Pobreza e inseguridad alimentaria.

Soluciones convencionales

El Plan de desarrollo del Atlántico 2020-2023 propone concentrarse en el desarrollo industrial del agro tradicional: la ganadería extensiva y el monocultivo; pero cabe recordar que este tipo de producción y tecnificación del campo ignora el cambio climático y la conservación de los ecosistemas locales.

Por otro lado, en una alianza entre Fundesarrollo y Casa Grande Caribe se definieron estrategias de choque para atender la situación prontamente: “intervenciones para la recuperación nutricional con enfoque comunitario y la creación de centros de recuperación nutricional, con intervenciones de manejo ambulatorio e intrahospitalario para los infantes”.

También se habló de la importancia de fortalecer el programa de Cero a Siempre, los hogares comunitarios y la vigilancia sobre la alimentación escolar con ayuda de la alcaldía, la gobernación y el ICBF. Por último, se mencionó la viabilidad de las huertas urbanas como una alternativa para enfrentar la inseguridad alimentaria que empeorará con el paso de los años.

La biodiversidad como recurso

El Plan de Desarrollo no contempla fuentes alternativas de nutrientes y alimentación que beneficien a los ecosistemas locales, y en general, las soluciones propuestas no consideran el aprovechamiento de la biodiversidad, uno de los recursos peor explotados en Colombia.

Hay que encontrar otro remedio. Cecilia Torres y Anahí Barros, estudiantes de la Universidad del Norte, bajo la asesoría de Rafik Neme y el Grupo Max Planck de Genómica y Biodiversidad, buscamos una solución que aproveche la biodiversidad de la región, sea amigable con los ecosistemas, mitigue el problema de la inseguridad alimentaria y fortalezca la producción local.

Queremos explorar la diversidad de insectos, porque estos ocupan múltiples nichos ecológicos y representan los ecosistemas que se intentan estudiar. A pesar de ser tan despreciados culturalmente, los insectos podrían ayudar a resolver los problemas de nutrición que afronta el Atlántico.

La investigación avanza por dos vías: cultivando insectos como la mosca soldado negra en huertas urbanas y explorando la diversidad de los insectos en el Área Metropolitana de Barranquilla para encontrar especies potencialmente cultivables.Foto: Choachí La seguridad alimentaria implica la necesidad suficiente de alimentos.

Beneficios de los insectos

Los insectos se reproducen y crecen en grandes cantidades por cualquier lugar, incluyendo los ecosistemas de bosques secos tropicales del Atlántico. Además, sus efectos nocivos para el ambiente son pocos en comparación con los sistemas de agricultura o ganadería extensivas.

Según la FAO los insectos son una fuente importante de micro y macro nutrientes de calidad: proteínas, ácidos grasos, hierro, vitaminas y minerales en general. Por si no fuera suficiente:

  • Los insectos son eficientes en la conversión de alimentos: pueden convertir 2 kg de alimento en 1 kg de biomasa, mientras que el ganado necesita 8 kg de alimento para producir 1 kg de peso corporal.
  • Los gases de efecto invernadero producidos por la mayoría de los insectos son considerablemente inferiores a los del ganado convencional.
  • Los insectos usan mucha menos agua que el ganado tradicional. Los gusanos de la harina, por ejemplo, son más resistentes a las sequías que el ganado.
  • La cría de insectos depende menos de la tierra que la actividad ganadera convencional.
  • Los insectos proporcionan proteínas y nutrientes de alta calidad. Además, son especialmente importantes como complemento alimentario para los niños desnutridos, ya que tienen altos niveles de ácidos grasos comparables con los del pescado. También son ricos en fibra y micronutrientes como cobre, hierro, magnesio, fósforo, manganeso, selenio y zinc.
  • Los insectos tienen un riesgo reducido de transmisión de enfermedades a los humanos, tales como la gripe aviar, la enfermedad de las vacas locas o la COVID-19.
  • La recolección y cría de insectos puede crear oportunidades empresariales en las economías locales y fortalecer las comunidades campesinas a su alrededor.
  • Los insectos pueden procesarse para servir como alimento humano y animal con relativa facilidad. Algunas especies pueden consumirse enteras. Los insectos también pueden convertirse en pasta, molerse para hacer harina o simplemente extraer sus proteínas.

Investigación para el futuro

La situación de seguridad y soberanía alimentaria del Atlántico exige investigaciones en varios frentes y el apoyo del sector privado, las universidades, la alcaldía, la gobernación y el ICBF. La biodiversidad del departamento es un frente de investigación que señala a los insectos como una fuente de nutrientes útil para el consumo animal y humano.

La ingesta de insectos tiene muchos beneficios y menos problemas que la ganadería. Sin embargo, aún hay que sortear algunos obstáculos antes de que esta alternativa sea una realidad. La mayoría de las personas en occidente siente asco por estos animales. Esta aversión cultural a los insectos también influye en la financiación de la investigación y de los sistemas de producción sostenibles y rentables.

Adicionalmente, aún se desconoce mucho sobre la información nutricional y no existe una legislación sobre estos animales. Todavía se necesitan muchos estudios sobre los diferentes nutrientes, las especies disponibles y las dificultades de su cultivo. Únicamente cuando se lleven a cabo estos estudios podrán surgir propuestas de reglamentación y legislación.

Sobre este tema es importante mencionar los avances del Centro de Investigación de Artrópodos Terrestres (CINAT) bajo la coordinación de Karol Barragán, y que tiene sede en la Universidad Nacional de Colombia. Un centro de investigación con estas características es necesario en nuestra región.

Los recursos son cada vez más escasos. El déficit del agua y suelo debido al calentamiento global está aumentando. Ahora más que nunca se necesita una solución al problema del hambre que no promueva la ganadería y agricultura extensivas, puesto que estas prácticas deterioran los ecosistemas y la biodiversidad.

Publicado en Razón Pública

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